En las instituciones de salud mental está de moda eso de coordinarse. Conceptos como continuidad de cuidados, interdisciplinar, multidisciplinar, reuniones de equipo, ...inundan las bocas de muchos profesionales de atención directa y de todos los cargos directivos de turno.
Las intenciones, las mejores. Por muy capullas que podamos llegar a ser las personas, poca gente desea realmente mal a otras personas y abusa de su poder con mala conciencia de si mismo. Es pura supervivencia psicológica. Cada una pensamos que estamos haciendo lo mejor que podemos hacer en ese momento. ¿Siempre es así? Esa pregunta tan solo podemos respondérnosla cada una de nosotras, en cada situación vivida.
Pero la realidad diaria de las coordinaciones entre servicios, y de las llamadas reuniones de equipo, también está cargada de vivencias de personas, de grupos, de emociones y de relaciones de poder.
A lo largo de mis casi 13 años como residente de psiquiatría y psiquiatra después, he vivido interminables reuniones de personas y de equipos, coordinaciones de servicios, instituciones diferentes...He llegado a escuchar cosas increíbles.
Creo que si todas las personas que trabajamos como asalariadas en salud mental fuéramos conscientes de lo que ocurre cada minuto en esos servicios e instituciones, de lo que hablamos de las personas diagnosticadas/bles, cómo hablamos, qué vivencia tenemos respecto de lo que son y de nuestras relaciones con ellas, conscientes de las pirámides de poder que condicionan esas mismas relaciones...Si algo así pasara, ¿qué pasaría?
Hay días que salgo del trabajo y siento que mi profesión es pura psicopatía, psicopatía psiquiátrica.
Hoy enciendo una vela por una persona que murió y vivió de una forma silenciosa. La pena da mucha rabia.
Un lugar donde poder expresar para no sucumbir en el desierto de la profesión
miércoles, 12 de octubre de 2016
jueves, 6 de octubre de 2016
Psicopatología laboral
Empiezo a sospechar un complot.
Cada día, literalmente, aumenta el número de personas que llegan a consulta con quejas relacionadas con el trabajo. Porque no lo tienen y eso les deja en situaciones muy precarias. Porque lo tienen en condiciones tan precarias que es como si no lo tuvieran, y también, de una forma terriblemente silenciosa, por la existencia de ambientes laborales intoxicados, abusos de poder, odiosas jerarquizaciones y rigidificaciones de las relaciones, horarios, rutinas inhumanas...
La salud emocional y física de las comunidades está directamente relacionada con estas condiciones laborales, y estas, directamente relacionadas con la situación sociopolítica de dicha comunidad.
Pero a mi consulta llegan personas en estado de sufrimiento. Intentan encontrar los resortes legales e institucionales que les den soporte, les defiendan, les acompañen en esas situaciones.
¿Y qué encuentran?
Estructuras sin capacidad de acción, por múltiples razones: Servicios de Prevención, Mutuas, Sistema de Seguridad Social, Sindicatos, Sistemas Judiciales, y diversas estructuras sociosanitarias, entre las que me encuentro. Van rebotando en medio de un caos en el que cada uno va empujando hacia otro lado y muchos, acaban goteando, incesantemente en las consultas de psicología y psiquiatría de todo el sistema.
¿Y yo qué puedo hacer?
Indignarme por la inoperancia de los sistemas actuales. Hacer informes que expresen esta relación con el sufrimiento de las personas.
Desculpabilizar a la gente que acaba pensando que el problema son ellos, sus "capacidades" (para adaptarse, para desconectar, para resistir, para defenderse, para aguantar, para sobrevivir...).
Preguntarme que está pasando. Es sospechoso que tenga que ir viendo, día tras día, de una en una, encerrado en un despacho de donde nada puede salir, a todas las personas que tienen el mismo problema y que no tienen que ver con ellas más que por la afectación que sufren por pertenecer al sistema que pertenecen.
No me preocupan en absoluto los genes. Me preocupa el estado emocional de las personas. Y el asunto laboral es de extrema importancia. Todavía estamos a años luz de aplicar lo que ya sabemos que son condiciones laborales y ambientes laborales saludables.
Mientras mi profesión continua llevando al extremo por algún lado su obsesión biologicista, mecanicista, tecnicista...continuamos individualizando graves problemas sociales que quedan como en sordina por nuestra delirante estructura diagnóstica y terapéutica.
Dopamos el malestar social. Drogas para proteger al sistema. Drogas para ahogar las señales de alarma que damos cada día las personas y nuestros sufrimientos en miles de consultas de salud mental de todo el mundo occidentalizado. Drogas para seguir tragando. Drogas para seguir aguantando. Drogas para silenciar, y para silenciarnos.
Cada día, literalmente, aumenta el número de personas que llegan a consulta con quejas relacionadas con el trabajo. Porque no lo tienen y eso les deja en situaciones muy precarias. Porque lo tienen en condiciones tan precarias que es como si no lo tuvieran, y también, de una forma terriblemente silenciosa, por la existencia de ambientes laborales intoxicados, abusos de poder, odiosas jerarquizaciones y rigidificaciones de las relaciones, horarios, rutinas inhumanas...
La salud emocional y física de las comunidades está directamente relacionada con estas condiciones laborales, y estas, directamente relacionadas con la situación sociopolítica de dicha comunidad.
Pero a mi consulta llegan personas en estado de sufrimiento. Intentan encontrar los resortes legales e institucionales que les den soporte, les defiendan, les acompañen en esas situaciones.
¿Y qué encuentran?
Estructuras sin capacidad de acción, por múltiples razones: Servicios de Prevención, Mutuas, Sistema de Seguridad Social, Sindicatos, Sistemas Judiciales, y diversas estructuras sociosanitarias, entre las que me encuentro. Van rebotando en medio de un caos en el que cada uno va empujando hacia otro lado y muchos, acaban goteando, incesantemente en las consultas de psicología y psiquiatría de todo el sistema.
¿Y yo qué puedo hacer?
Indignarme por la inoperancia de los sistemas actuales. Hacer informes que expresen esta relación con el sufrimiento de las personas.
Desculpabilizar a la gente que acaba pensando que el problema son ellos, sus "capacidades" (para adaptarse, para desconectar, para resistir, para defenderse, para aguantar, para sobrevivir...).
Preguntarme que está pasando. Es sospechoso que tenga que ir viendo, día tras día, de una en una, encerrado en un despacho de donde nada puede salir, a todas las personas que tienen el mismo problema y que no tienen que ver con ellas más que por la afectación que sufren por pertenecer al sistema que pertenecen.
No me preocupan en absoluto los genes. Me preocupa el estado emocional de las personas. Y el asunto laboral es de extrema importancia. Todavía estamos a años luz de aplicar lo que ya sabemos que son condiciones laborales y ambientes laborales saludables.
Mientras mi profesión continua llevando al extremo por algún lado su obsesión biologicista, mecanicista, tecnicista...continuamos individualizando graves problemas sociales que quedan como en sordina por nuestra delirante estructura diagnóstica y terapéutica.
Dopamos el malestar social. Drogas para proteger al sistema. Drogas para ahogar las señales de alarma que damos cada día las personas y nuestros sufrimientos en miles de consultas de salud mental de todo el mundo occidentalizado. Drogas para seguir tragando. Drogas para seguir aguantando. Drogas para silenciar, y para silenciarnos.
miércoles, 5 de octubre de 2016
Psiquiatría de mis amores
El trabajo de psiquiatra siempre me ha resultado conflictivo en si mismo.
Mi rol me obliga a estar en contacto con personas, familias o grupos de personas, en estados de sufrimiento, a veces extremo, y en muchas ocasiones, el sistema para el cual trabajo, me obliga a realizar acciones que pueden provocar más sufrimiento a estas personas; o impide/dificulta acciones que podrían mejorar la situación de las mismas.
El sistema psiquiátrico comienza a desmoronarse desde sus cimientos, si es que alguna vez existió algo parecido. La dominación del aparato biomédico está tocado en sus puntos fundamentales. No hay "causas" biológicas del sufrimiento psíquico. Los tratamientos farmacológicos que usamos los psiquiatras son drogas con efectos peligrosos que no "curan" absolutamente nada, y que tienen que ser usadas lo mínimo posible, el mínimo tiempo posible y sin depositar en ellas absolutamente ninguna esperanza de salud. Tan solo como substancias químicas con una funcionalidad potencial concreta, en una situación determinada.
El resto: proceso humano, proceso social, proceso político.
No sé hacia dónde va la psiquiatría ni hacia dónde sería mejor que fuera. Sólo se que, actualmente, mi profesión, con la que estoy reconciliado desde muy reciente fecha, produce muchos más daños que beneficios y, como cada día intento transmitir a la gente con la que trabajo, hay que intentar alejarse lo más posible de ella y buscar procesos de salud en otros lugares de la comunidad.
Mi rol me obliga a estar en contacto con personas, familias o grupos de personas, en estados de sufrimiento, a veces extremo, y en muchas ocasiones, el sistema para el cual trabajo, me obliga a realizar acciones que pueden provocar más sufrimiento a estas personas; o impide/dificulta acciones que podrían mejorar la situación de las mismas.
El sistema psiquiátrico comienza a desmoronarse desde sus cimientos, si es que alguna vez existió algo parecido. La dominación del aparato biomédico está tocado en sus puntos fundamentales. No hay "causas" biológicas del sufrimiento psíquico. Los tratamientos farmacológicos que usamos los psiquiatras son drogas con efectos peligrosos que no "curan" absolutamente nada, y que tienen que ser usadas lo mínimo posible, el mínimo tiempo posible y sin depositar en ellas absolutamente ninguna esperanza de salud. Tan solo como substancias químicas con una funcionalidad potencial concreta, en una situación determinada.
El resto: proceso humano, proceso social, proceso político.
No sé hacia dónde va la psiquiatría ni hacia dónde sería mejor que fuera. Sólo se que, actualmente, mi profesión, con la que estoy reconciliado desde muy reciente fecha, produce muchos más daños que beneficios y, como cada día intento transmitir a la gente con la que trabajo, hay que intentar alejarse lo más posible de ella y buscar procesos de salud en otros lugares de la comunidad.
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