Seguir creyendo que existen
los pacientes, compartir esa creencia como una realidad creando realidad, es la mayor paradoja que tenemos que enfrentar como
profesionales.
Sólo hay yoes y otros yoes, grupos de personas en constante interacción, en un interjuego caleidoscópico de dinámicas y relaciones de poder y de flujo de informaciones, de afectos, y de flujos corporales.
Cuando deja de existir la
enfermedad mental, tan solo quedamos unas y otras mirándonos a los ojos y preguntándonos,
¿qué hacemos aquí?
¿qué está pasando?
¿Y ahora qué?